El valor ‘real’ del agua


Factores vitales quedan a menudo fuera
del cómputo del valor, coste o precio de este recurso

TOMAS A. MICHEL
Coordinador científico del programa iWater y presidente
de la Plataforma Tecnológica Europea del Agua





a Plataforma Tecnológica Europea del Agua –también conocida por sus siglas, WssTP– acaba de definir en su documento Visión 2030 cuatro objetivos claves para el impacto de su actividad. En ese año, queremos haber contribuido a reducir la huella de la sociedad en el estado de las reservas de agua en un 50%; lograr el reconocimiento del valor real del agua; que los objetivos anteriores hayan servido, además, para fortalecer el liderazgo europeo en agua en el mundo, y, por último, asegurar la resiliencia, la estabilidad, la sostenibilidad y la seguridad de la sociedad con respecto al agua.




PRECIO Y COSTES


El segundo objetivo es absolutamente central para reconducir el actual status quo de la gestión del agua. Hoy, existe competencia por el agua, tanto a nivel local como global, y tratamos el recurso de forma lineal. Abstraemos agua de acuíferos, ríos y embalses, devolviéndola –no siempre adecuadamente tratada– a ríos y mares, a menudo por encima de las capacidades naturales de regeneración y reposición. El precio que se paga por el agua no cubre siempre los costes de su captación y tratamiento, las menos veces garantiza el mantenimiento de infraestructuras actuales, y normalmente no contiene un tramo para cubrir aquellas inversiones futuras que garanticen la sostenibilidad del sistema.

La competencia y la economía lineal del agua hacen más aparente la necesidad de pensar en una nueva gobernanza del agua en una economía circular. Esto sólo será posible si reconocemos el valor real del agua. Valor no es igual a precio, pero refleja una magnitud económica con la que, al menos, podemos trabajar y relacionarnos. No se pretende disponer de una solución, sino incitar a una reflexión apuntando a algunos vectores que no necesariamente están siempre en el cómputo del valor, coste o precio del agua.




EL COSTE DE LA NO-ACCIÓN


¿Cuál es el coste de no actuar, mitigando, y adaptándonos al cambio climático? En los últimos 15 años, las inundaciones en Europa han causado al menos 25 billones de euros en daños asegurados –el daño a bienes no asegurados es todavía mucho mayor–. Sólo en 2014, este daño fue de 4,9 billones. Y, para 2050, las predicciones apuntan a daños anuales del orden de 25 billones.




LA SEGURIDAD ALIMENTARIA


Todos los países protegen su producción primaria o agrícola. Sólo así se entienden ciertas subvenciones institucionales a la agricultura. Pero, a pesar de ellas, ¿la agricultura paga siempre un precio razonable por el agua que consume? ¿El agua debería tener un precio diferente en situaciones de extrema sequía? ¿La agricultura, las ciudades y la industria deben seguir compitiendo por el agua, o debemos empezar a pensar en nuevos esquemas de reutilización de aguas residuales y de valorización de nutrientes, que supongan la colaboración de unos con otros? La sociedad no está pagando a la agricultura por valiosos servicios ecosistémicos y ecológicos que nos proporciona. Si así fuera, quizás podría soportar un precio mayor por el agua.



El precio del agua no cubre siempre los costes de su captación y tratamiento, y normalmente no prevé inversiones futuras




LA SEGURIDAD ENERGÉTICA


La competencia por el agua no se limita a geografías o sectores de la actividad humana. El trinomio agua-alimentación-energía implica una interrelación que puede ser también de competencia. Son necesarios el agua y la energía para producir alimentos; es necesaria mucha agua para producir energía, y se consume mucha energía con el bombeo y el tratamiento del agua. Si la falta de disponibilidad de agua nos puede dejar potencialmente sin energía, ¿le estamos dando al agua su valor real?




LOS PUESTOS DE TRABAJO


El agua y el empleo tienen muchos denominadores comunes. Una buena gestión sostenible del agua mejora el nivel de vida, expande las economías locales y promueve la creación de puestos de trabajo más dignos, así como una mayor inclusión social. El 40% de los puestos de trabajo en el mundo de forma directa –y otro tercio de forma moderada– dependen del agua. Esto significa que casi el 80% de los puestos de trabajo que constituyen la fuerza laboral mundial dependen del agua. Y, sin embargo, no estamos acostumbrados a relacionar agua y empleo.




BIENESTAR Y BIODIVERSIDAD


El último elemento del valor del agua que queremos destacar es, por su dimensión y su transversalidad, el más importante, aunque quizás sea el más difícil de plasmar. No obstante, una sociedad más sostenible y más inclusiva debe reconocer y pagar por el valor del agua en la manutención y el equilibrio de nuestros ecosistemas, el entorno que dejaremos a nuestros hijos y la protección de la biodiversidad, último garante de la sostenibilidad del planeta, así como de la calidad de vida y el bienestar que todos perseguimos.






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