Playas de Rosarito (México), donde se ubicará la desalinizadora

Cuando desalinizar es la mejor opción para combatir la escasez


SUEZ pilotará la construcción de la mayor planta
desalinizadora de América, situada en Rosarito (México)

ay territorios que sufren una gran sequía y que, por tanto, se enfrentan a serios problemas de abastecimiento de agua. Si se trata de una región costera, una de las soluciones más adecuadas consiste en crear una infraestructura que permita la desalinización de agua marina. Esta es la opción elegida por el estado mexicano de Baja California —que registra la media anual de lluvias más baja del país y cuenta con una población de unos tres millones de personas en rápido aumento—, para asegurar la provisión de agua de las ciudades de Tijuana y Rosarito. Esta zona es dependiente en un 87% del caudal del Río Colorado, que nace en Estados Unidos y cuya agua llega desde 200 km al este a través de un acueducto que tiene un coste operacional muy alto, además de ser vulnerable a los daños provocados por la intensa actividad sísmica de la zona.



Proyecto de la planta de Rosarito, que doblará la capacidad de la de San Diego, la mayor desalinizadora de América en la actualidad


Para solucionar este problema que frena el desarrollo económico de la región, el próximo año se iniciará en las Playas de Rosarito la construcción de la que será la planta desalinizadora más grande y avanzada de América. Podrá producir 190.000 m3 de agua potable al día en 2020 y alcanzará los 380.000 m3 en 2024, más del doble de capacidad de un centro similar en San Diego (EE. UU.), en actividad desde 2015 y el mayor de su sector en el continente americano.



La planta desalinizadora construida por SUEZ llegará a producir 380.000 m3 al día en 2024




Un consorcio liderado por SUEZ llevará a cabo este proyecto en el que también participan las empresas NuWater de Singapur y NSC de Estados Unidos, siguiendo un innovador modelo de colaboración basado en el partenariado público-privado. La mayor parte del proyecto corresponde a los equipos de SUEZ en Francia (Rueil-Paris), México y España (Bilbao), que han trabajado juntos aprovechando las competencias de la compañía y la experiencia adquiridas durante décadas en la construcción y la financiación de infraestructuras desalinizadoras. SUEZ y sus socios también asumirán la explotación comercial de las instalaciones de las Playas de Rosarito durante 37 años. El proyecto de la planta de Rosarito consolida la presencia de SUEZ en México, donde ha construido más de 300 plantas de tratamiento y saneamiento de agua en las últimas tres décadas y ofrece su experiencia en la distribución de agua potable, así como apoyo técnico y comercial a las autoridades locales de grandes urbes como Ciudad de México o Saltillo.



EL PAPEL DECISIVO
DE UN EQUIPO BIEN ARTICULADO

Los equipos de SUEZ ubicados en Bilbao (Euskadi) han desempeñado un papel importante en este proyecto, con casi 20 colaboradores involucrados en la propuesta técnica y comercial para la planta de Rosarito. En las oficinas de la compañía en la capital vizcaína, 327 personas trabajan en las actividades relacionadas con el tratamiento del agua. Su primera realización fue una planta desalinizadora por ósmosis inversa en la isla de Lanzarote, en Canarias, desarrollada en 1983. Los equipos españoles también han estado involucrados en los proyectos de desalinización del grupo a nivel internacional, como Mina Escondida, en Chile; Fujairah, en los Emiratos Árabes Unidos; en la isla de Curazao, en aguas de Venezuela, y Perth, en Australia.


CONCIENCIA MEDIOAMBIENTAL


En los últimos 20 años, el consumo energético de las plantas desalinizadoras se ha minimizado. Hoy en día, el gasto de energía para producir agua desalada para una familia de cuatro personas es el equivalente a planchar durante una hora o usar un ordenador portátil todo un día. En cuanto a las emisiones de CO2, estas equivalen a conducir un coche de bajas emisiones durante nueve kilómetros.

Además de cumplir con la normativa ambiental mexicana, la planta de Rosarito contempla medidas para proteger el medio ambiente y aumentar el ahorro energético, como la utilización de membranas de ósmosis inversa de nueva generación y bajo consumo, así como recuperadores energéticos de alta eficiencia, lo que reduce la huella de carbono de la instalación. Al no tener que mantener ningún tipo de infraestructura en el océano, se evita cualquier impacto durante la construcción en las zonas colindantes a las playas, así como afecciones a la fauna y flora marina. Además, se neutralizarán los productos químicos de deshecho usados en las tareas de limpieza de membranas antes de proceder a su vertido al mar.





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