La Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) del Baix Llobregat es de las más grandes y modernas de Europa. Con una extensión de 37 hectáreas, está preparada para tratar 355.000 m3 de agua al día. Además, cuenta con unas avanzadas instalaciones de ultrafiltración y osmosis que permiten obtener agua de alta calidad; una agua que ya se está utilizando para combatir la intrusión de agua salada del mar en el acuífero de Barcelona.
"En nuestras instalaciones tratamos aguas residuales procedentes de calles, viviendas e industrias de hasta ocho municipios del área metropolitana, para devolverlas al medio –en este caso, al mar– en las mejores condiciones", explica Javier Santos, jefe de planta de la EDAR del Baix Llobregat.

CÓMO SE ELIMINA LA CONTAMINACIÓN

Antes de iniciar el tratamiento, el agua pasa por rejas y tamices que retienen residuos sólidos grandes: cajetillas de tabaco, trozos de madera o cartón, pero también toallitas, bastoncillos o colillas. Tras pasar por unos desarenadores y desengrasadores –donde se retira el aceite y otros materiales fácilmente decantables–, el agua empieza el tratamiento primario: una docena de decantadores rectangulares, de 20 por 60 metros, permiten eliminar partículas en suspensión de un gramaje inferior al de la arena y que, con cierto tiempo de estabilización, caen al fondo. El resultado es el fango primario –que después tendrá también su utilidad–.

Tras eliminar la contaminación física, se aborda la orgánica, generada por el carbono: en esta segunda fase de tratamiento –la biológica– infinidad de microorganismos microscópicos –en las balsas hay concentraciones de 4.000 miligramos por litro– sintetizan el carbono. "Lo que para nosotros es un problema para ellos es alimento", explica Santos, y añade que "esta fase también elimina los principales nutrientes perjudiciales para la flora y la fauna, el nitrógeno y el fósforo, que reducen el oxígeno en el medio y contribuyen a la creación de algas". El agua mezclada con los microorganismos se decanta de nuevo en 14 depósitos circulares de 50 metros de diámetro, para que los microorganismos –el fango secundario; también se usará después– bajen hasta el fondo. Esta agua descontaminada irá a parar al mar: una tubería sigue el curso del río Llobregat hasta más de tres kilómetros mar adentro y la vierte a sesenta metros de profundidad.

Los equipos de osmosis que regeneran el agua para darle una segunda vida.
FOTOS: FREDERIC CAMALLONGA

TERCIARIO: TRATAMIENTO ESPECIAL

Lo que convierte a esta depuradora en un referente internacional son las instalaciones de tratamiento terciario y terciario avanzado o cua­ternario. Las primeras están diseñadas para tratar 304.000 m3 diarios –cada día llegan a la planta 260.000 m3, así que se podría dar tratamiento terciario a todo el caudal de entrada–. En esta fase, una microfiltración retiene partículas de un gramaje superior a las 10 micras y se eliminan gérmenes. "Esta agua –apunta Santos– se puede usar para regar parques y jardines o para baldear calles. Nosotros la utilizamos para mantener las zonas verdes de la planta y refrigerar equipos industriales". En épocas de sequía, se puede enviar Llobregat arriba para recargar el río a la altura de Molins de Rei. Unos kilómetros abajo, la potabilizadora de Sant Joan Despí recogería el agua y terminaría de tratarla.

El agua regenerada se usa para mantener las zonas verdes de la planta y refrigerar los equipos

En el tratamiento terciario avanzado, las técnicas de ultrafiltración y osmosis inversa eliminan partículas minúsculas –de nanomicras–. No es agua de boca, pero ya es tan pura que se está usando para combartir la intrusión salina en el acuífero de Barcelona: el agua osmotizada, mezclada con agua ultrafiltrada, se inyecta en 14 pozos a lo largo del litoral barcelonés, creando una suerte de barrera de agua pura que evita la intrusión salina.

RESIDUOS REAPROVECHADOS

La EDAR también trata los residuos sólidos decantados. "Estabilizado y deshidratado, el fango se puede usar como abono", asegura Santos. Si no cumple la legislación –por tener demasiados metales pesados, por ejemplo–, se le aplica un secado térmico. Entonces se puede usar para el compostaje o como combustible en la industria cementera. Y ahí no acaba todo: "Cuando estabilizamos el fango, se produce metano, con el que generamos energía. El 40% de la energía que consume la depuradora, lo generamos nosotros", mantiene el jefe de planta. Todo ello ejemplifica el compromiso de Aigües de Barcelona con el medio ambiente y los principios de la economía circular, y su voluntad de avanzar hacia la autosuficiencia energética.