Las ciudades, como las personas, evolucionan, se crecen ante los retos y –no pocas veces– aprovechan los momentos de dificultad para dar pasos de gigante. Barcelona ha forjado su carácter superando, una a una, las pruebas a las que la ha sometido la historia. Ha contado siempre con los mejores aliados: sus ciudadanos. Junto a ellos, han sido fundamentales para forjar e hilvanar una historia de superación compañías tenaces y comprometidas como Aigües de Barcelona, que celebra este año sus primeros 150 años de vida. Los retos de la ciudad son también los nuestros. Hemos trabajado codo con codo con todos los agentes y actores de la ciudad para hacerla progresar y para situarla en la primera liga de las ciudades globales. Si Barcelona es un referente en el mundo es gracias al esfuerzo de muchos, destacando, me atrevo a decir, el de compañías como la nuestra, presente siempre en el día a día pero también en los momentos esenciales para el desarrollo de la ciudad.

Necesitamos invertir más en infraestructuras de saneamiento y crear mejor gobernanza

En los últimos 150 años la ciudad tuvo que superar numerosos desafíos. Epidemias como la de fiebre amarilla de 1870 o la de tifus de 1914. Oleadas migratorias que multiplicaron la población y que tensaron las costuras del tejido urbano, obligando a grandes esfuerzos y abriendo la puerta al ingenio y a la innovación para abastecer de agua a los nuevos vecinos. Como compañía, nacimos y prosperamos en tiempos de incertidumbre y de dificultades, pero incluso en esos momentos hemos sabido vislumbrar oportunidades de desarrollo. No vimos la luz por primera vez en un régimen de monopolio, sino que supimos estructurar un modelo más acertado, más conectado con los requerimientos de la sociedad a la que nos debemos, más continuista que el de nuestros competidores, incorporando la mejor tecnología y dando el mejor servicio a las personas. Son muchos los momentos memorables; la Exposición Universal de 1888 y la Exposición Internacional de 1929 representaron sendos puntos de inflexión, materializados en grandes proyectos urbanísticos con la garantía de servicio de agua como eje vertebrador indispensable, que catapultaron a Barcelona hacia un nuevo concepto de ciudad metropolitana. Nos hicimos eco de la responsabilidad que conllevaban grandes acontecimientos como los Juegos Olímpicos de 1992, conscientes de su importancia para proyectar la imagen de Barcelona a todo el mundo, acometiendo la planificación e inversión necesarias para llevar a buen puerto este proyecto que vino a significar la primera gran oleada de visitantes en un mundo más conectado en base los nuevos flujos de turismo global. Superamos, gracias a la tecnología y dedicación, episodios de sequía como los que vivimos entre 2006 y 2008. Y hemos hecho frente y paliado el impacto, a través de herramientas concretas y ágiles como los Fondos de Solidaridad, de una de las crisis económicas más intensas de nuestra historia reciente.

Fuente situada en la plaza Catalunya de Barcelona
FOTO: ARCHIVO AIGÜES DE BARCELONA

Es momento de hacer balance de hitos significativos que definen el talante de nuestra trayectoria y nuestra continua ambición por mejorar. Nuestra red de abastecimiento tiene el nivel de interrupciones en el servicio más bajo del mundo (sólo 15 segundos al año). Contamos con el único grupo de catadores de agua existente en España que nos permite asegurar que supera todos los controles. Somos la primera compañía de agua en el mundo en obtener el sello que certifica que la calidad sanitaria del agua del grifo es la misma que la de cualquier otro alimento, como, por ejemplo, un yogurt. Tenemos además el porcentaje de reclamaciones y de averías más bajo del mundo. Los ciudadanos saben que, si hay un problema, nosotros lo resolveremos. Y eso es así porque llevamos a Barcelona en nuestro ADN y porque tenemos un equipo de profesionales comprometidos y con la mejor formación. Seis generaciones, 100.000 personas, hemos trabajado y seguimos trabajando junto con los ciudadanos para construir una ciudad mejor. Y una ciudad mejor, lo saben nuestros ciudadanos, empieza también con un consumo más responsable en línea con la nueva realidad urbana y en sintonía con la necesidad de preservar mejor los recursos del planeta. Por eso, tenemos uno de los ratios de consumo por habitante y día más bajas del mundo: 102 litros en Barcelona, frente a 120 en París, 131 en Madrid, 197 en Oslo, o valores por encima de los 250 o 300 litros por habitante y día en las ciudades americanas. Si Barcelona es un modelo de referencia en la gestión de recursos hídricos, con proyección a nivel mundial, es gracias al trabajo y al compromiso de todos. Toda esta evolución ha sido realidad, también, a la implicación y el trabajo de un grupo humano de profesionales cuya tarea se desarrolla cada día bajo los criterios de excelencia y buena gestión. El sector del agua es, en este sentido, un activo para la generación de empleo de calidad.

Seguiremos teniendo retos en el futuro. Las ciudades deben dar ejemplo en el crecimiento sostenible porque el planeta hace frente a los efectos del cambio climático. Barcelona, la ciudad a la que todos miran, deberá superar nuevas pruebas. Una de ellas será, sin duda, hacer frente a nuevos episodios de sequía que se producen de forma cíclica en el ecosistema mediterráneo. Y la ciudad deberá hacerlo utilizando todas las opciones a su alcance, pero especialmente dando un paso adelante en un proceso clave para el futuro: la reutilización de los recursos hídricos. Volver a utilizar el agua, una vez tratada, es la manera más sostenible de avanzar hacia una economía circular, en la que nada se pierde y los recursos tienen una segunda vida. Para lograrlo necesitaremos invertir más en infraestructuras de saneamiento, gestionar mejor las existentes y crear mejor gobernanza, que nos permitan depurar las aguas residuales. Serán nuevos retos en los que la ciudad del futuro nos tendrá siempre a su lado.