Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young, los tres descubridores del reloj biológico, han sido galardonados recientemente con el Premio Nobel de Medicina. El asunto no es baladí: personas, animales y plantas gozan de este mecanismo que se coordina con la luz del sol y que es capaz de calcular cuál es el mejor momento para dormir, despertar, comer o estar mentalmente activo. Cuando el horario laboral obliga a comer a deshora o a dormir de día y estar despierto de noche, el reloj se desajusta y es preciso ponerlo en hora. Y eso tiene consecuencias. ¿Cómo afecta a la salud y a la productividad?

CUANDO EL CUERPO SE DESORIENTA

"El cuerpo no entiende –sobre todo al principio–, que por la noche, cuando nuestra temperatura corporal es más baja –porque nos estamos preparando para ir a dormir–, estemos trabajando; que le estemos pidiendo al cerebro un nivel de actividad y de concentración que no tocaría", explica Jose Díaz Canseco, profesor de EAE y miembro de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios, quien mantiene que "el turno nocturno permanente es el más pernicioso; el que más impacto tiene en la salud". El desajuste del reloj biológico puede producir en quienes trabajan en turno de noche confusión, falta de concentración, trastornos del sueño, dolores de cabeza... Pueden darse casos de trastorno de la función cognitiva y de depresión ligera. Y, de día, somnolencia: "Quiero relajarme y dormir, pero no puedo; los estímulos hacen que la mente esté activa", añade Díaz Canseco. Síntomas similares pueden darse en trabajadores con turnos rotativos –de mañana-tarde-noche–.

Algunos estudios relacionan el desajuste crónico del reloj biológico con la obesidad, enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y –con todas las reservas– con algunos tipos de cáncer.

Pero, ¿tienen algo de positivo para el trabajador los turnos rotativos? "La verdad es que no. Todos los estudios los desaconsejan, sobre todo el turno permanente de noche. Pero la realidad es que son una necesidad en el tipo de economía que tenemos hoy en día: hay empresas que tienen que organizarse por turnos, sí o sí –hay industrias a las que les sale más caro parar la producción cada día que mantener la fábrica abierta siempre–. Y hay trabajos que tienen que hacerse de noche, sí o sí", reconoce Díaz Canseco, y pone como ejemplo a los cuerpos de seguridad, los bomberos, las enfermeras o el panadero, que debe levantarse a las tres de la madrugada para que el cliente pueda comprar el pan a las siete.

El impacto del desajuste del reloj biológico en la productividad es evidente, aunque no se puedan dar porcentajes concretos, ya que en la productividad influyen muchos más factores.

LA OPCIÓN MENOS MALA

La mejor opción –o la menos mala– sería, según la Organización Mundial de la Salud, optar por el turno rotativo de 2 + 2 + 2 + 4; es decir: trabajar dos días por la mañana, dos días por la tarde y dos días por la noche, y librar cuatro días seguidos. El cuerpo tarda entre dos y tres días en adaptarse al nuevo ritmo de vida, así que, si el turno cambia antes de que el reloj se haya adaptado, el trastorno se produce menos veces.

Sea como fuere, los expertos desaconsejan llevar a cabo durante los turnos nocturnos actividades que requieran una concentración manual importante, o en las que el trabajador esté obligado a esforzarse mucho mentalmente. Y si estas deben llevarse a cabo –porque no haya otra alternativa–, espaciarlas a lo largo de la noche.