Automatización, un reto laboral y social

Cómo definiría la situación del mercado de trabajo en España?


Mala. A la elevada tasa de desempleo se añade una alta tasa de temporalidad. Además, ambas afectan desproporcionadamente a los más jóvenes, privándoles de la posibilidad de luchar para construirse un futuro mejor. Todo esto se atribuye a la Gran Recesión, pero pasó lo mismo en 1993 con una crisis muy pequeña. Estamos tan acostumbrados que ya hasta nos parece normal, pero no lo es en ningún país de nuestro entorno. El mercado laboral español es ciertamente disfuncional.

¿Cómo etá afectando al empleo la implantación de robots humanoides, como Sophie?

Lo cambia todo: sustituye a un tipo de trabajadores y complementa a otros. Podemos decir que, a nivel agregado, estos avances son muy buenos, pero a corto plazo generan ganadores y perdedores.

¿Llevarán a un incremento del desempleo?

A corto plazo es muy posible que sí. La mecanización de la producción va asociada a la destrucción de puestos de trabajo y los trabajadores desplazados pueden tardar en encontrar nuevas ocupaciones. Sin embargo, a largo plazo no debería afectar el desempleo. Tenemos evidencia empírica de esto: en los últimos 200 años el avance tecnológico ha sido exponencial y la transformación del mercado laboral ha sido total, pero las tasas agregadas de empleo no han cambiado.

¿A qué lo atribuye?

Hay varios motivos. El primero es que las nuevas tecnologías generan nuevos puestos de trabajo de forma directa; piense, por ejemplo, en los community managers o en los especialistas en ciberseguridad, ocupaciones que no podíamos ni imaginar hace 20 años. Y el segundo motivo es que la automatización de puestos de trabajo reduce el precio de los productos. Esto supone un ahorro para los hogares, que bien pueden destinar a comprar más unidades del mismo producto cuya producción se ha automatizado (por ejemplo, ropa, ordenadores o coches) o pueden decidir consumir una mayor cantidad de otros bienes no automatizados cuyo precio no ha bajado (por ejemplo, guarderías o cervezas en el bar con los amigos). Este último efecto, llamado el síndrome de Baumol (Baumol disease) ha sido históricamente muy importante para mantener las tasas de empleo constantes.

Cómo prepararse para la 4ª revolución industrial

Es necesario cambiar las prioridades en el sistema educativo, dotando a los trabajadores del futuro de las habilidades y capacidades que los hacen distintos de las máquinas; adoptar de forma natural las nuevas tecnologías en el proceso productivo, que es lo que nos hace más ricos como sociedad; y fortalecer el estado del bienestar porque a corto plazo habrá perdedores.

¿Qué trabajos serán los más afectados?

La entrada de los ordenadores y robots industriales en el último tercio del siglo XX destruyó el tipo de trabajos que llamamos rutinarios, en el sentido que conllevan tareas que se pueden describir completamente por un algoritmo para que los realice un ordenador o una máquina. Las dos vías de creación de empleo en las últimas décadas han sido los servicios personales (por ejemplo, restauración y cuidados de personas) y las profesiones de mayor cualificación como cuadros directivos, o profesionales. Esta tendencia va a seguir. Pero además, con el desarrollo de la inteligencia artificial (aprendizaje profundo) y la robótica móvil, el espectro de ocupaciones amenazadas ha aumentado considerablemente: desde conductores, transportistas o administrativos a radiólogos, médicos, traductores o abogados se verán muy afectados.

mayores oportunidades

"Se crea empleo en servicios
personales y en profesiones
de mayor cualificación"

¿Deberá apostarse por sectores menos automatizados, menos rutinarios?

Claramente sí. La producción de bienes manufacturados está en retroceso en todos los países desarrollados, y estos trabajos no van a volver.

¿Cuál es la alternativa?

La respuesta que a todo el mundo le gusta es apostar por el desarrollo de nuevas tecnologías, por ser el Silicon Valley de Europa. Lamentablemente, no está claro que España tenga a día de hoy una ventaja comparativa en desarrollar conocimiento. El sistema universitario, a pesar de algunas maravillosas excepciones, es mediocre y no tiene capacidad de atraer talento internacional. Una alternativa sería apostar por ser la Florida de Europa. España tiene buen clima, riqueza cultural, buena cocina, y la amabilidad de sus gentes. Y el plan es mejor de lo que parece dado que se apuesta por ocupaciones de futuro: la gente mayor demanda servicios de todo tipo, desde entretenimiento y cuidados personales hasta actividades culturales y servicios médicos sofisticados.

¿Y cómo reconvertir, a corto plazo, los perfiles sustituidos por la robotización a otros puestos no mecanizados?

El corto plazo es el gran problema de este proceso de cambio. La reconversión que podríamos llamar vegetativa, mediante las nuevas cohortes que se incorporan al mercado laboral habiendo sido formadas para las nuevas necesidades laborales y acumulado experiencia en las nuevas ocupaciones, es claramente lenta y no da respuesta a los trabajadores desplazados de mediana edad. Para estos hay que pensar en políticas activas de mercado laboral y un sistema de formación de adultos eficaz. Dicho esto, aunque los trabajadores desplazados encuentren nuevas ocupaciones, es posible que sufran erosiones en sus salarios.

¿Un incremento de la automatización provocará un aumento de la desigualdad social?

La experiencia del último tercio del siglo XX muestra un aumento de la desigualdad, que no es difícil asociar a la entrada de ordenadores y robots en el mercado laboral. Sin embargo, la desigualdad siempre es el resultado de la carrera entre demanda y oferta de capacidades: si el mercado laboral del siglo XXI demanda trabajadores creativos, adaptables y con inteligencia emocional, y las escuelas y universidades no los proveen, entonces la desigualdad aumentará en favor de los pocos que tengan estas capacidades escasas. En cambio, si el sistema educativo responde adecuadamente no debería haber grandes efectos en la desigualdad a largo plazo.